Siempre me sorprendió la similitud con la que se desarrollan las actividades del ajedrez y el diseñar un proyecto arquitectónico, siendo estas peculiarmente tan distantes.
Siempre es difícil empezar. No sabemos como ni por donde y necesitamos una referencia a la cual aferrarnos, que al inicio no existe; ergo el primer movimiento es el principio del caos. Un caos quizá funesto o quizás vitalizador, pero en ambos casos embriagador, que nos va consumiendo hasta el punto de hacernos olvidar de nuestra propia existencia.
Con la práctica y el ejercicio, vamos desarrollando nuestras propias técnicas, nos singularizamos por un modo particular de empezar que nos identifica, intuimos por donde debemos caminar para no complicarnos con nuestras propias ideas y a la vez tratamos de ser perspicaces, creativos e innovadores, pues con cada movimiento de pieza o cada trazo o visualización imaginativa descubrimos algo nuevo, es una reacción en cadena en la que pareciera no transcurrir el tiempo mismo. Y estas situaciones son totalmente posibles porque exigen el conocimiento tripartito de lo que tenemos frente a nosotros; el conocimiento preciso de hacia donde queremos llegar y por sobre todo, lo más importante, el conocimiento de nosotros mismos.
En estos juegos, intervienen etapas de ideas, crisis, espera, observación y meditación; pues en ese momento no existe otra cosa más que nuestros elementos con los cuales desarrollaremos nuestra estrategia para arribar al mejor punto posible o funesto que podamos tener.
Probablemente otra coincidencia cuantitativa sea resolver un problema, cual dicha solución es una búsqueda constante e inacabada donde recurrimos a lo empírico, a la intuición, a la analogía y a la creatividad. Hay que conocer la realidad, desarmarla, reordenarla en nuestra mente y hacerla finita, para dar respuesta a lo que se nos presenta en un tiempo determinado. Ambos ejercicios lógicos y abstractos, dependen y están ligados al tiempo; este mismo es un factor imprescindible, también enemigo puesto que por más relativo que sea, es constante a nuestra relatividad y nuestro sistema de razonamiento no lo es. Necesitamos de un tiempo determinado para poder desarrollar una idea, proyectar y especular sobre el futuro recurriendo a la imaginación.
También contamos con piezas o elementos de jerarquía con los cuales jugar, y para cada caso asignamos un grado de jerarquía distinto a cada pieza o espacio.
Ajedrez y diseño son primos hermanos, ambos invocan a la especulación, al raciocinio, a la creatividad y técnica propias, todas variables de estos ejercicios que apelan a la subjetividad para distinguirnos y hacernos humanos.
La arquitectura es un ajedrez de espacios, y el ajedrez una arquitectura de piezas...
Siempre es difícil empezar. No sabemos como ni por donde y necesitamos una referencia a la cual aferrarnos, que al inicio no existe; ergo el primer movimiento es el principio del caos. Un caos quizá funesto o quizás vitalizador, pero en ambos casos embriagador, que nos va consumiendo hasta el punto de hacernos olvidar de nuestra propia existencia.
Con la práctica y el ejercicio, vamos desarrollando nuestras propias técnicas, nos singularizamos por un modo particular de empezar que nos identifica, intuimos por donde debemos caminar para no complicarnos con nuestras propias ideas y a la vez tratamos de ser perspicaces, creativos e innovadores, pues con cada movimiento de pieza o cada trazo o visualización imaginativa descubrimos algo nuevo, es una reacción en cadena en la que pareciera no transcurrir el tiempo mismo. Y estas situaciones son totalmente posibles porque exigen el conocimiento tripartito de lo que tenemos frente a nosotros; el conocimiento preciso de hacia donde queremos llegar y por sobre todo, lo más importante, el conocimiento de nosotros mismos.
En estos juegos, intervienen etapas de ideas, crisis, espera, observación y meditación; pues en ese momento no existe otra cosa más que nuestros elementos con los cuales desarrollaremos nuestra estrategia para arribar al mejor punto posible o funesto que podamos tener.
Probablemente otra coincidencia cuantitativa sea resolver un problema, cual dicha solución es una búsqueda constante e inacabada donde recurrimos a lo empírico, a la intuición, a la analogía y a la creatividad. Hay que conocer la realidad, desarmarla, reordenarla en nuestra mente y hacerla finita, para dar respuesta a lo que se nos presenta en un tiempo determinado. Ambos ejercicios lógicos y abstractos, dependen y están ligados al tiempo; este mismo es un factor imprescindible, también enemigo puesto que por más relativo que sea, es constante a nuestra relatividad y nuestro sistema de razonamiento no lo es. Necesitamos de un tiempo determinado para poder desarrollar una idea, proyectar y especular sobre el futuro recurriendo a la imaginación.
También contamos con piezas o elementos de jerarquía con los cuales jugar, y para cada caso asignamos un grado de jerarquía distinto a cada pieza o espacio.
Ajedrez y diseño son primos hermanos, ambos invocan a la especulación, al raciocinio, a la creatividad y técnica propias, todas variables de estos ejercicios que apelan a la subjetividad para distinguirnos y hacernos humanos.
La arquitectura es un ajedrez de espacios, y el ajedrez una arquitectura de piezas...
